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¿Por qué no te casaste conmigo?


Así inició nuestra conversación meses atrás. El Joven que unos años antes me había hecho la propuesta interrumpió lo que prometía ser un Domingo como todos los demás. ¡genial!


Mi respuesta fue…





Los más hermosos cotejos azules de su vida en whatsapp. Lo dejé en visto. No fue por hacerme la importante, solo que no tenía respuesta para él en ese momento.


Más tarde, hizo una llamada que no contesté.


Al día siguiente; le escribí que cómo estaba y todo el protocolo para iniciar una conversación, que yo pudiera manejar.


Todo estuvo bien hasta que escribió otra vez la pregunta; ¿Por qué no te casaste conmigo?


Entonces respiré profundo y lo llamé. Hablamos largo rato de muchas cosas, pero si quería terminar definitivamente con esto tenía que darle respuesta. La cuestión es que de esa conversación salió la edición de hoy.


-No me casé contigo porque no estaba segura de hacer tal cosa. Cuando me hiciste la propuesta; no me sentí feliz, contenta o cualquiera de sus derivados, ni siquiera estaba sorprendida; no pienses mal, en aquel momento te quería y estaba enamorada según yo, pero sentí que aceptarla sería un error.


-Continué diciendo- Cuando vi ese mensaje en mi teléfono esta mañana tuve la misma horrible sensación que cuando me dijiste; cásate conmigo. y confirmé una vez más que aquella decisión fue sin dudas la correcta.


Muchas veces somos advertidos por otros y hasta por nosotros mismos cuando estamos a punto de tomar decisiones equivocadas, y esa misma cantidad de veces elegimos ignorar las advertencias. Por razones aparentemente desconocidas.


Ciertamente hay una prisa excesiva por cumplir con lo que otros esperan de nosotros, en el tiempo que ellos consideren prudente; y en esa carrera se sacrifican muchas cosas, que por supuesto no todos están dispuestos a sacrificar.


Luego que nos vemos envueltos en situaciones poco gratas, nos preguntamos Qué hicimos mal, y muchas veces la respuesta es… que no hicimos nada. No hicimos nada para cambiar el derrotero por el cual íbamos a caer, aún cuando en ese camino vimos todas las advertencias.


Siempre toca tomar decisiones difíciles, pero nada más satisfactorio que decidir siempre por aquello que sabemos será lo mejor.

Y se hace más fácil, cuando no nos ponemos a cavilar entre factores sin importancia, o cosas que definitivamente no podemos controlar.


Madurar va más allá de envejecer es tener la responsabilidad de aceptar solo los compromisos que se puedan cumplir con excelencia. Así que, no importa la situación, si vas mal encaminado…


¡TE TOCA! Aún puedes cambiar de opinión. Sea lo que sea.

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